La realidad es una construcción subjetiva. Es un chicle que puede estirarse y moldearse a gusto y placer, hasta que en algún momento se corta. ¿Y cuándo se corta? También depende. La vida y la muerte parecen ser dos parámetros claros para definir el principio y el fin de un tipo de realidad. Aunque ni siquiera eso, ya que desde hace décadas la humanidad no puede ponerse de acuerdo sobre cuándo comienza la vida de una persona. Incluso la muerte es, para algunos, otro estado más de una cosmovisión mucho más amplia.
De allí la dificultad que tiene, por ejemplo, la Justicia para emitir un fallo definitorio sobre una realidad construida en base a convenciones preestablecidas. Toda sentencia es una opción. Hay una persona, en este caso un juez, que opta, que elige, sobre valoraciones acordadas previamente, en contextos determinados y con objetivos más o menos comunes. La ética, la moral, el bien y el mal no figuran en la tabla periódica de elementos químicos. Y si así fuera, sus propiedades químicas o su peso atómico también formarían parte de una acordada científica.
El Indec insiste en que la inflación anual es del 10%. Y quien se atreva a cuestionar esta cifra pasa inmediatamente a integrar la cadena del desánimo. Paralelamente, como en la realidad de Mátrix, los gremios, oficialistas y opositores, vienen acordando paritarias por encima del 25% desde 2005, cuando la inflación destituyente y golpista comenzó a superar los dos dígitos. Si el Indec tiene razón, Argentina cuenta con los empresarios más generosos del mundo, los sindicalistas más exitosos de la historia y, con los aumentos que van obteniendo, los trabajadores argentinos están entre los mejores pagos del planeta y próximos a ser millonarios. El dólar no vale $ 7,50 y la canasta familiar no cuesta $ 3.580. El Gobierno dice que el billete estadounidense vale $ 4,90 y la canasta básica total (alimentos y servicios) $ 1.613. En la construcción subjetiva de la patria soñada, bastan $ 1.600 mensuales para que una familia tipo no sea pobre y $ 719 para cubrir sus necesidades alimentarias. Quiere decir que cada integrante de la familia debería poder desayunar, almorzar, merendar y cenar con $ 5,80 por día. Que alguien le explique al almacenero del barrio que un "apretado" de mortadela no puede costar cinco pesos.
En un discurso memorable pronunciado ante la Asociación Americana de Editores de Diarios, el 27 de abril de 1961, titulado "El presidente y la prensa", John Fitzgerald Kennedy advertía que cuando un gobierno no admite un error termina por transformarlo en una equivocación. Y más adelante sostenía: "Hace mucho que decidimos que los peligros de una excesiva ocultación, sin garantías de hechos pertinentes, superaban con creces los peligros que son citados para justificarlo".
La administración de José Alperovich le ha prohibido a la Dirección de Estadísticas de la Provincia suministrar información a los medios. Es por eso que el gobernador puede decir lo que le plazca, como por ejemplo, que la desocupación en Tucumán es del 3% o que la inseguridad es una sensación.
Del mismo modo que los legisladores pueden cobrar entre 50 y 200 mil pesos por mes sin dar explicaciones a nadie sobre lo que hacen con el dinero de la gente. Con ellos la AFIP no es tan celosa.
Entre las herramientas que construyen realidades, el dinero es la más poderosa. Así Alperovich, amo y señor de la Justicia y de la Policía, y por ello máximo responsable de la desaparición de Marita Verón (entre otros 200 casos impunes en su gestión), se abraza en la foto con Susana Trimarco. Es la subjetividad del chicle que se estira y se estira, hasta que un día se corta.